Son cubano I


Me gusta escuchar a las personas que han visitado otros países. Las narraciones sobre sus hazañas pasan de lo común a lo sorprendente y simpático. Sin embargo hablar de Cuba es entrar en un mundo de contradicciones culturales, sociales y políticas en donde no hay encuentro de opiniones; cada quién tiene su propio punto de vista. Igual que en la isla. Por esa razón quizá y cansada de suponer cómo sería la vida en Cuba, decidí un día agarrar mis más ligeras y necesarias pertenencias – entre ellas el libro del mes -, y tomar camino hacia el Caribe. Desde el momento en que puse un pie fuera del avión y me enfrente a los paranoicos controles y burocracia aeroportuaria empecé a crearme mi propia idea de lo que es la vida ahí.

 

Una de esas mañanas en que uno se levanta con ganas de pasear sin rumbo fijo, me enfilé hacia la Habana vieja como veces anteriores; y caminando por aquí y por allá fui a dar al Instituto Cubano del Libro, a la presentación del último ejemplar de un autor local. ¿Qué tiene eso de excepcional? Nada. Si no es porque a la salida del edificio me esperaba el que sería mi guía e instructor de historia cubana. Seguro que se me veía cara de no saber para dónde ir y por eso fue que el buen Alberto, uno de esos hombres rubios y de ojos color aceituna que hay por ahí, se me acercó y me preguntó cuáles eran las olas que me habían aventado a su tierra.

 

Una vez realizadas las presentaciones y hecho el trato – diez pesos cubanos por un día-, empecé a conocer no sólo lo más pintoresco de la ciudad, también zonas desconocidas al menos para mí y sobre todo lo que yo anhelaba: conocer a su gente, conocer por medio de Albertico esa parte de Cuba de la que todos hablan y nadie concuerda. Recorrí con él las plazas y las iglesias convertidas en museos u oficinas, mientras me contaba su vida y sin querer la de medio país. Conocí la soledad de quienes se quedan sin familia, porque ellos se fueron con el vaivén del Atlántico o con algún extranjero enamorado.

 

Entre la casa de Carpentier y el mojito de “La Floridita” junto a Hemingway, nos llego la hora de comer. El trato no incluía su comida, pero, ¿Cómo poder comer mientras él me esperaba afuera? Pues no. Por lo que tenía dos opciones: abusar de mi derecho de extranjera y comer con él en algún lugar para turistas o, preguntarle dónde podíamos comer a gusto ambos. Opté por el segundo camino y acabamos en la casa – comedor de Don Lorenzo, donde compartimos una deliciosa comida marinera acompañada del ya cotidiano plato de arroz con frijoles colorados y la “libertad” que le daba el poder hablar del Partido, de sus ganas de salir de su país para reunirse con su familia. Mientras platicaba, se notaba la esmerada educación cubana que había recibido, idiomas incluidos; el anhelo de libertad y de ambición por una mejor calidad de vida.

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3 comentarios

  1. Moria said,

    septiembre 20, 2008 a 10:14 am

    Cuba, un paraíso de contradicciones; donde todos los reptiles de derecha encuentran su justificación para atacar todo lo que mal huela a gobierno de izquierda debido a su pobreza y falta de libertades. Lugar donde todo simio de izquierda encuentra la razón por la que seguir defendiendo sus ideales materializados en cultura, educación y salud, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

    No hay que olvidar que los cubanos son mucho mas cultos y, a veces, mas listos que nosotros, asi que casi todos “huelen” tu cola ideológica y te hablan de acuerdo a ella, por eso un anticastrista o simplemente gente de derecha escuchará todo lo que quiera escuchar; igualmente uno de izquierda escuchará loas al régimen aunque no podrá jamás abstraerse de todo lo que mire; hablar con los cubanos es sumamente difícil, pues después de convivir unos días con ellos, tienes la ligera sospecha de que te dicen lo que quieres escuchar.

    A mí Cuba me gustó con un sabor agridulce, me gustaría verla en el mismo plan que México, es decir, con las mismas posibilidades de competencia, pues ahora bloqueada, no se puede juzgarla del todo, es decir, mientras no juegue en igualdad de circunstancias jamás podremos decir que fracasó o no de la isla.

    Un gusto saludarte Sayil.

  2. Sayil said,

    septiembre 22, 2008 a 11:32 am

    Mi querido y estimado Moria, tanto tiempo sin estos lares y ahora me sales con tu marcado izquierdismo. JAJAJAJAJ

    Dejame que te cuente una anécdota que me pasó hace unos díascon un un cubano (sacado de la isla por 50 000) que es esposo de la hermana de un amigo que viven aqui… él me decia precisamente que en Cuba nada le faltaba, que ahí no había mendigos en las calles porque el Comandante todo les daba (Claro ya se cómo se los da!!!).

    Pero traía puestos sus Levi’s nuevos y comiendo una fritanga capitalista. Entonces le dije que precisamente eso no lo podía tener ahí… y me contestó: Si es cierto, aquí lo puedo tener pero tengo que trabajar para ello… Pequeña diferencia entre la derecha y la izquierda, una trabaja y la otra espera…

    P.D. Sólo es comentario, respeto tu opinión, pero me dio mucha risa eso de aquí si tiene que trabajar para comprar cosas…jajaja

    Saludines

  3. Moria said,

    septiembre 22, 2008 a 12:15 pm

    Tienes toda la razon Sayil, a mi me pasó algo casi igualmente curioso en México, mi hermana estudia Historia, y el mejor promedio de su carrera (un muchacho con un futuro impresionante) también viste pantalones Levi’s y se compra sus fritangas de su gran trabajo vendiendo CD’s en el metro, línea 3; en cambio, un amigo mío que estuvo en filosofía conmigo, muy bruto por cierto, ahora es profesor de la facultad, claro, su padre es un gran investigador. El trabajo dignifica (eso lo dijo Engels, no David Ricardo), pero en el capitalismo (en los gobiernos de derecha para ser mas exactos), vale mas ser hijo de….., o amigo de………, que el trabajo que ralices, dudo que los Slim Domit cuenten a sus hijos una historia de superación a través de las dificultades del sistema como los hijos de tu amigo cubano; es más, por que será que en México la mayoría de los hijos de profesores con plaza, también son profesores? Casualidad? Trabajo duro? o Nepotismo? Tu que crees que sean los hijos narcos? Mas narcos? o gobernantes?

    En fin, traté de que mi primer comentario no fuera una apología de la izquierda, solo mencione que la Historia y los cubanos muy listos, nos hablan de lo que queremos, nos dicen lo que queremos oír, tu oyes de trabajo, de salir adelante por tus propios medios, yo oigo de justicia social.

    Finalmente, prefiero mantener a unos huevones para que el gobierno les de todo para vivir, a que ellos me asalten, secuestren o algo por el estilo.

    Saludos de nuevo Sayil. (Perdón por la extensíon)


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