Dictadura doméstica

Paul Eekhoff1


Medio día. Madre e hija esperando el metrobús en franca discusión.

 

Madre (con energía): Agradecida debes estar conmigo que te di la vida

Hija (con tono siniestro): ¿Qué no eso según tú lo decide Dios? Además, tú querías hijos ¿no? ton’s ¿cuáles agradecimientos?

Madre (exasperada): ¡Callate! Siempre es lo mismo contigo. ¿Por qué nunca haces lo que yo quiero que hagas?

 

Silencio… 

Madre (calmadamente): Y que te quede claro: aunque yo esté equivocada, siempre tengo la razón porque… SOY TU MADRE… ¡Escuincla está, pues!

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