Despertares

despertar

Amanece. Pequeños golpes sobre el domo del estacionamiento anuncian que esta lloviendo. Reacomodo las cobijas sobre mi cuerpo y es cuando te siento. Ahí estás, como siempre a mi lado. No has despertado, te observo con detenimiento.

Tu respiración relajada, invita a mis dedos a delinear con cuidado tu nariz, luego tu boca, bajando por la mejilla cayendo al vacío entre tu mejilla y tu cuello. No lo resisto. Suavemente retiro las colchas que te cubren.

Mis yemas se posan con delicadeza sobre tu pecho. Me sientes pero apenas te incomodas; más bien, te acomodas. Me encamino al fastigio de tu seno, la vista desde ahí es prometedora; circulo por la curva de tu cintura, descansando en tu ombligo; adentro mi dedos por la selva de nuestro placer y de ahí en línea recta a tu rodilla. Te mueves, me das la espalda.

Beso tu nuca, pongo las cobijas sobre nosotros, acomodo mi cabeza en tu espalda y te rodeo con el brazo apretándote a mi…

♪Te soñe, lluvia de abril. Francisco Céspedes

Decir

 

kamil vojnar

                          [Te amo, te necesito…]

                          Primero lo dijiste, ahora lo siento;
                          en cada caricia y en cada beso;
                          robamos el tiempo;
                          los mimos y los abrazos 

                          [Te amo, te necesito…]

                          Un minuto, dos horas;
                          toda una vida 

Corazón Loco

Secuencia

Kurt Hutton

                                     Primero
                                                 tus manos,
                                     luego
                                                 tus labios,
                                                 tu cuerpo…

                                     Calor;
                                                 calor que me quema la piel,
                                     tu miembro que penetra la profundidad,
                                                 que espera encontrarme, sentirme

                                      Y ahí…
                                                  La explosión de dos formas,
                                       agotadas; extasiadas

Muerte lenta

Sasha

El cisne triste

Almásy: Todas las noches, me arranco el corazón;
pero al amanecer aparece donde estaba

Reconoce su error. Jugó con fuego y al fin se quemó. Bueno, en realidad la quemaron dos acciones; primero, la maldita tecnología que no sabe guardar un secreto y, segundo, lo que mató al gato y la desilusionó.

Un simple juego de palabras sensuales la hizo terminar en esa cueva. Esperaba que regresara a buscarla, pero no fue así. No hubo promesa, sólo un adiós y el ruido de una puerta que se cerró; que la dejó en el desierto. Dentro de la cueva tiene frío por la falta de sus brazos; afuera, el calor de los que se aman la quema.

Ella no rechaza la responsabilidad de sus acciones, acepta las consecuencias, pero, ¿Acaso debe sacrificar su libertad como persona, mujer y profesionista? Se pregunta. No, se contesta. Aunque eso signifique morir sola, con amor atrapado en su interior y sin el funeral junto al mar que deseaba. A las mujeres no se les perdonan los juegos, aunque sólo sean eso, simples juegos sin sexo.

Amó, fue amada. Ama, es rechazada. Acomoda el libro de Heródoto en su bolsa y, mientras la luz de la linterna se le acaba, sonríe falsamente al mundo.

Mutualidad errónea

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El hombre y la mujer han nacido para amarse,

pero no para vivir juntos.

Los amantes célebres de la historia

vivieron siempre separados.

Noel Clarasó

 

Amigos míos:

 

Suele suceder que cuando una relación se termina la responsabilidad se le achaca a todo y a todos menos a los realmente responsables, que son la pareja en si. Los orgullos pisados y deshilachados, pesan más que los mismos hechos.

 

¿Por qué las parejas no pueden socratizar en lugar de luchar? Porque los diálogos no reparan emociones ni ilusiones rotas, no enmiendan con parches los hoyos que el dolor y la ira carcomen como comején.

 

Ella, juega juegos de palabras sensuales con sus amigos. Él revisa lo ajeno. Ella se convirte a los ojos de él en una cualquiera; él se convirte a los ojos de ella en un vouyerista paranoico. La duda entra y se olvidan del amor y de lo que los mantenía unidos. Los dos actos son igual de graves a los ojos de todos, pero, a los ojos de la pareja es peor lo que el otro hizo que lo que uno mismo ha hecho.

 

¿Saben? Sería bueno cada vez que unos amantes se pelean, voltearan a ver la foto que les trae a la mente ese momento tan disfrutado, tan emocionante; irse a dormir y al otro día mientras desayunan frente a un jugo de naranja y un café, mirarse a los ojos, encontrarse en ellos y por el amor que dicen sentir el uno por el otro, perdonarse y volver a empezar.

 

¿Difícil? En efecto, mucho, porque en realidad nos amamos más a nosotros mismos que al otro.

 

Les deseo un buen día y gracias por su atención. Un abrazo.

 

Escucha: Buenas intenciones…

 

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