Leer y escribir*

leer y escribir

Tomo tu cuerpo entre mis manos; leo tu piel, mis dedos rozan las arrugas
Tomas mi cuerpo entre tus manos; lo recorres lentamente, escogiendo las
del tiempo; paso las páginas, encontrando anotaciones en todos lados, las páginas donde deseas escribir. Comienzas en mi boca, dejas la impresión
referencias del autor están a la vista. ¿A qué sabe un libro? Te pruebo, son
del deseo y la pasión. Escribes notas en mi cuello, analizas mi pecho que
todos los sabores y ninguno.
exaltado, pide a gritos que escribas en él.

Leer éste libro, me emociona. Cuenta su historia y penetra en mi cuerpo;
Te gusta marcar mi piel; tu pluma penetra mi hoja sintiendo su textura, el
murmura secretos en mi piel. Leo a hojas abiertas; el amor, el deseo brotan calor de las tintas fluye. El relato se está haciendo, se está plasmando; se
entre líneas. Invade mi mente. Llego al climax del relato, dos voces salen
escribe en mi cuerpo letra a letra. Escribes en mi porque sabes que la
del libro; extasiadas.
palabra escrita perdura; ahora, en esta hoja se encuentra…

Al cabo de un rato… retomo la lectura.
el diario de tus pasiones. 

 

*Participante en el

VIII diomedea

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Utilidad

Magictorch

Todo por servir….

  

                                  se acaba y…                       

                          

acaba por no servir

Caricia culpable

Gio Barto

De espalda. Su figura se delinea curvilínea, sensual. Los  zapatos de tacón, muy alto y espigado dan a sus pantorrillas esa imagen de tronco entrelazado; los muslos macizos, ligeramente se marcan enfundados en unos pantalones “pescadores” de mezclilla.

Las nalgas se dibujan como aquel lugar en donde siempre has querido estar y es ahí, donde el tiempo se detiene… Un apretón en la mano me hizo volver a la fila del cine, sus dulces ojos me decían en silencio ¿Qué ves? ¿Qué te pasa? Acaricié su mejilla y le besé suavemente la mano…

Más allá de lo profundo

Tom Schierlitz

          – Ay  amor, ya no lo siento; creo que se quedó atorado…

Jaime despega su cuerpo de Isa y en efecto, ya no estaba en su lugar. Ambos empiezan la búsqueda por todos los rincones de sus cuerpos. Sacuden la cama, el piso, la ropa… Nada, simplemente desapareció.

          – ¿Y si se quedó adentro Jaime?
          – No creo, no lo vi
          – Ay no, llévame al hospital por favor…. No puedo estar con la angustia

Y es así que, a las dos de la mañana entran a la sala de emergencias de un hospital capitalino…

          – No lo veo… – dice el médico
          – Pero ahí está, estoy seguro – dice Jaime
          – No, insisto, no lo veo…
          – Pero… no salió, me consta ¿Me deja ver?
          – A ver pues, asómese – expresa medio harto el médico

Silencio…

          – ¡Ahí está! Se ve muy al fondo un puntito, mire acérquese – dice feliz Jaime
          – Mmmm, deje meto una pinza a ver si es…¡Sí!, aquí está; enfermera… una charola por favor. Listo, ya puede vestirse

Unos minutos después…

          – Ya ves Isa, te dije que todo iba a estar bien
          – Si claro, como no eras tú el del problemita de las piernas al aire, ¿a ver cuándo vuelves a traer tus condones marca libre?
          – ¿Yo qué?! ¡Me los regalaron!
          – Te los han de haber dado los de “Pro vida”
          – Igual y si, mira que quedarse atorado más allá de tu vagina… ¿quién diría?

Despertares

despertar

Amanece. Pequeños golpes sobre el domo del estacionamiento anuncian que esta lloviendo. Reacomodo las cobijas sobre mi cuerpo y es cuando te siento. Ahí estás, como siempre a mi lado. No has despertado, te observo con detenimiento.

Tu respiración relajada, invita a mis dedos a delinear con cuidado tu nariz, luego tu boca, bajando por la mejilla cayendo al vacío entre tu mejilla y tu cuello. No lo resisto. Suavemente retiro las colchas que te cubren.

Mis yemas se posan con delicadeza sobre tu pecho. Me sientes pero apenas te incomodas; más bien, te acomodas. Me encamino al fastigio de tu seno, la vista desde ahí es prometedora; circulo por la curva de tu cintura, descansando en tu ombligo; adentro mi dedos por la selva de nuestro placer y de ahí en línea recta a tu rodilla. Te mueves, me das la espalda.

Beso tu nuca, pongo las cobijas sobre nosotros, acomodo mi cabeza en tu espalda y te rodeo con el brazo apretándote a mi…

♪Te soñe, lluvia de abril. Francisco Céspedes

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