Intermediaria

The Palma Collection

 

 

¿Yo no sé por qué los hombres me achacan la culpa? Sin embargo, cuando el dolor los embarga y la desesperación los pierde, me maldicen y me odian. Por azares del destino siempre me encuentro en ese último momento en el que las personas sienten la suma de todos sus miedos, cuando se agolpan en sus mentes emociones, pensamientos felices, pesadumbres y rencores. 

No me toca  a mí decidir ni el lugar ni el momento, yo sólo obedezco órdenes. Donde se encuentra el final, donde se apaga una luz, ahí debo estar. El trabajo es sencillo, tomas el alma; si no está muy asustada, la saludas y la guías a donde moran las almas. Mientras, a mi espalda se oyen los lamentos y los aullidos de dolor. ¿Por qué sufren los vivos? ¿Acaso no tuvieron a ese ser lo suficiente con ellos? Empiezan los hubieras y las recriminaciones. Se empiezan a repartir las culpas y en algunos casos las herencias.
 
Eso es en realidad lo que deprime de mi trabajo: los vivos sollozantes. En cierto modo y si lo veo desde un ángulo pusilánime, no soy más que una intermediaria incomprendida.

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