Treinta y seis

1, 2, 3 por mí…
y porque el desorden de los factores
alteren el producto

 

Un
aviso
de
la
naturaleza (padre, no puede ser madre, siendo tan misógina):
          ¡Canas! El reloj biológico sigue su marcha,
          ¿será la aparición de alguna sapiencia (creo, espero)?
Un
acertijo
neuronal:
          cansancio de pensar (lo impensable a veces),
          respuestas ignoradas de mi vida;
          las obtengo ¡Al fin!
          Recursividad. Surgen nuevas preguntas.
          Necedad. Debo (me obligo a) contestarlas.
Una
duda
pasional (¿amorosa?):
          ¿Amante? ¿amigo? ¿pareja?
          No ha llegado alguno, aún
          Certeza. Lo quiero todo (¿se puede?¿existe?).
Un
aprendizaje:
          No puedo tenerlo todo en la vida,
          al menos no al mismo tiempo,
          disfruta lo que tengas (y lo que haya que disfrutar).
Una
resolución (aguda, es más cerrada):
          leer, escribir y vivir (lo que haya que vivir),
          seguir a libro abierto, aprender (lo que haya que aprender)
          esperando (¿o buscando?) que las dudas neuronales y pasionales se resuelvan;
          entre chorros de tinta (¿o ahogada en teclas?).
Un
consuelo (¿será?):
          escuchar a Dios (cuando me conviene).
Una
de
muchas
conclusiones:
          en un año cambiamos y algunos quizá…
          lo hacemos para mejorar.
Un
          abrazo
                            amoroso
                                                   para
                                                                 Sayil

Treinta y cinco


A mí, por ser yo

 

Inseparable amiga mía…

 

Hay días que no se exactamente quién eres. Por ratos eres dulce y tierna, otras te conviertes en un ogro  y otro tanto eres tan frágil como aquella porcelana de casa de mi abuela. La dulzura puede ser característica de tu sexo, pero en realidad es que te encanta dar amor, aunque luego te desilusiona el que no te lo recompensen, pero entiende que la idea de dar amor no es recibir, sólo darlo.

 

Te vuelves ogro, porque tiendes al perfeccionismo y en cuestiones laborales eres tirana, te gusta el orden y el método, te desespera la lentitud y el poco sentido. ¿Acaso no les apasiona lo que hacen? Te preguntas. Crees que no, que trabajan porque es ley de vida y no gusto por vivir.

 

Finalmente eres frágil, porque la ansiedad que padeces desde niña por ratos te hace tambalear y perder el equilibrio. Te da miedo lo que hace cinco minutos no te daba. La sensación de morirte es horrible, aunque tu cerebro te diga que no es así, tu hipotálamo siente lo contrario. Asfixia, sudoración, angustia, síntomas que te regresan a poner los pies en la tierra y te hacen ver que sólo eres un punto en el espacio, frágil y solo.

 

Pero con eso, sin eso y a pesar de eso, sé que eres un amor y una mujer maravillosa que me encanta conviva conmigo, muy dentro de mí…

 

¡Felicidades Sayil!