Caricia culpable

Gio Barto

De espalda. Su figura se delinea curvilínea, sensual. Los  zapatos de tacón, muy alto y espigado dan a sus pantorrillas esa imagen de tronco entrelazado; los muslos macizos, ligeramente se marcan enfundados en unos pantalones “pescadores” de mezclilla.

Las nalgas se dibujan como aquel lugar en donde siempre has querido estar y es ahí, donde el tiempo se detiene… Un apretón en la mano me hizo volver a la fila del cine, sus dulces ojos me decían en silencio ¿Qué ves? ¿Qué te pasa? Acaricié su mejilla y le besé suavemente la mano…

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Decir

 

kamil vojnar

                          [Te amo, te necesito…]

                          Primero lo dijiste, ahora lo siento;
                          en cada caricia y en cada beso;
                          robamos el tiempo;
                          los mimos y los abrazos 

                          [Te amo, te necesito…]

                          Un minuto, dos horas;
                          toda una vida 

Corazón Loco

Apariencia


Fea no soy, quizá tampoco muy bella, pero si de algo estoy segura es que… ¡No soy una calavera!

 

¿Por qué la necedad de ponerme tan horrible imagen? ¿Acaso no se les ha ocurrido pensar que soy un querubín? Sí un lindo y bello ángel. Que mi trabajo sea el de recoger las almas que abandonan el mundo de los vivos, no quiere decir que mi apariencia sea de cadáver recomido por los gusanos.

 

Se imaginan si fuera así de policromática, la espantada que les daría a todos esos pobres que pasan del estado sólido al etéreo. No es grato dejar el cuerpo y encontrarte con un esqueleto andante de vestiduras raídas. ¡Ah porque las vestiduras son otro tema! No visto de negro, ni me gusta el colorcito ese. Soy simple pero elegante, hay que recibir a las visitas con las mejores galas.

 

Hagamos un ejercicio. La próxima vez que piensen en mi, no lo hagan pensando en la calavera, imagínenme como un lindo “Miguel Angel” de la Capilla Sixtina.