Apego

Margaret Malandruccolo


No hay sol. Las nubes están listas para en cualquier momento dejar caer su lluvia. Los pies le pesan, siente que los arrastra con cada paso. Sólo es cuestión de andar una esquina, pero siente que son dos kilómetros.

 

Al fin llega. Pide su turno y le indican la ventanilla de atención. En el trayecto piensa que ya son más de diez años con él. Una década de breves historias. El empleado saluda y le pide sus datos. Se disculpa un momento. Regresa. La operación se realiza con éxito.

 

No puede creer que el cambio de número le duela en lo más profundo de su ser. Quiere llorar. Respira. Sostiene. Suelta. No, no duele el número cambiado; duele el motivo, duele saber que  no escuchará de nuevo su voz dándole los buenos días.

Confusión

 

Déjame ver si entiendo… Julieta le avisa a Romeo que se va a hacer la muerta, pero a él no le llega el mensaje.

 

Por lo tanto, Romeo al saber que dizque ella se “murió”, se toma el tónico de la calavera y él si se muere de verdad. Luego entonces, Julieta despierta de su sueño mortuorio y lo ve muerto a sus pies y aunque no sabe por qué, lo que si sabe es que no puede estar sin él; entonces se mata.

 

¿No se hubiera podido arreglar con un par de celulares?