Posesión

Katherine: ¿Qué es lo que tú más odias?

Almásy: La posesión. Ser poseído

 

Nunca me ha gustado la posesión. Ninguna persona le pertenece a otra es mi parecer. Odio el sentirme atada, controlada; no lo soporto.

 

Pero anoche. Anoche, no lo pude evitar; se apodero de mí un intenso deseo de pertenencia, de saber que puede ser que le pertenezca a alguien o mejor, que ese alguien quiere que yo le pertenezca. Tu recuerdo vino a mi mente y con él, el ardiente deseo de que tu cuerpo me cobije, que me poseas lujuriosamente y al final estremecerme entre tus brazos. Me debatía entre solicitar ser poseída o someter mi orgullo y acabar dormida sola en medio de la cama. ¿Será lo mismo la posesión amorosa-erótica-pasional y la de querer controlar a una persona? Me preguntaba, y me respondía que no, tratando de encontrarme una excusa y hablarte.

 

Al fin marqué tu número y la contestadora me dijo que no estabas. Desgaje mi cuerpo hacia la mitad del lecho y abrazando una almohada dormí; deseando que siempre, siempre me quisieras poseer.

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Dictadura doméstica

Paul Eekhoff1


Medio día. Madre e hija esperando el metrobús en franca discusión.

 

Madre (con energía): Agradecida debes estar conmigo que te di la vida

Hija (con tono siniestro): ¿Qué no eso según tú lo decide Dios? Además, tú querías hijos ¿no? ton’s ¿cuáles agradecimientos?

Madre (exasperada): ¡Callate! Siempre es lo mismo contigo. ¿Por qué nunca haces lo que yo quiero que hagas?

 

Silencio… 

Madre (calmadamente): Y que te quede claro: aunque yo esté equivocada, siempre tengo la razón porque… SOY TU MADRE… ¡Escuincla está, pues!