Intermediaria

The Palma Collection

 

 

¿Yo no sé por qué los hombres me achacan la culpa? Sin embargo, cuando el dolor los embarga y la desesperación los pierde, me maldicen y me odian. Por azares del destino siempre me encuentro en ese último momento en el que las personas sienten la suma de todos sus miedos, cuando se agolpan en sus mentes emociones, pensamientos felices, pesadumbres y rencores. 

No me toca  a mí decidir ni el lugar ni el momento, yo sólo obedezco órdenes. Donde se encuentra el final, donde se apaga una luz, ahí debo estar. El trabajo es sencillo, tomas el alma; si no está muy asustada, la saludas y la guías a donde moran las almas. Mientras, a mi espalda se oyen los lamentos y los aullidos de dolor. ¿Por qué sufren los vivos? ¿Acaso no tuvieron a ese ser lo suficiente con ellos? Empiezan los hubieras y las recriminaciones. Se empiezan a repartir las culpas y en algunos casos las herencias.
 
Eso es en realidad lo que deprime de mi trabajo: los vivos sollozantes. En cierto modo y si lo veo desde un ángulo pusilánime, no soy más que una intermediaria incomprendida.

Culpa


Siento los golpes; uno tras otro, seguidos, duros, dolorosos. Me empieza a faltar el aire. Cada vez es más difícil respirar y el dolor que no se aleja. Oigo gritos, hay llanto y más dolor…

 

Ya paso, ahora no siento nada y lo que es mejor, estoy en una especie de liviandad. Puedo ver claramente lo que sucede. Hay gente corriendo y gritando, se empujan unos a otros, se lastiman, van llorando y en pánico. ¿A qué le temen? ¿De quién corren? Entre el gentío veo algo que se parece a la playera que traigo puesta; tengo curiosidad y me acerco. De hecho, no sólo la playera es como la mía, también los jeans y… ¡Oh, soy yo! ¿Qué hago ahí tirado? No me muevo, me pisan, me empujan y yo… ¡No me muevo!…

 

Si, estoy ahí, tirado, ¿Por qué me puedo ver? Soy nada, soy sólo un vil fantasma. ¡Estoy muerto! Y me veo a mi mismo tirado en ese piso, muerto. Empiezo a recordar, estaba en el New’s Divine, tomaba unas cervezas con los cuates cuando avisaron que la policía iba a hacer una “redada”. Todos queríamos salir… y yo salí, pero a otra vida.

 

Los primeros culpables son apresados ahí mismo, los suben a una patrulla; son los dueños del lugar. Luego, nadie quiere tener la culpa, es tan horrible vivir con ella. Yo, no tengo la culpa ¿o sí? Puede ser. En realidad mis padres tienen la culpa, porque no les interesa dónde ando ni con quién. Y aunque les interesara, igual hubiera ido por rebeldía.

 

Ellos por supuesto dicen que tampoco tienen la culpa y obvio querrán que las autoridades les hagan “justicia” y que los dueños les paguen lo que creen que vale o más bien valía mi vida. Por su parte, las autoridades se echarán las culpas unos a otros y yo…

 

Yo, ya me encuentro en otra dimensión.