Muerte lenta

Sasha

El cisne triste

Almásy: Todas las noches, me arranco el corazón;
pero al amanecer aparece donde estaba

Reconoce su error. Jugó con fuego y al fin se quemó. Bueno, en realidad la quemaron dos acciones; primero, la maldita tecnología que no sabe guardar un secreto y, segundo, lo que mató al gato y la desilusionó.

Un simple juego de palabras sensuales la hizo terminar en esa cueva. Esperaba que regresara a buscarla, pero no fue así. No hubo promesa, sólo un adiós y el ruido de una puerta que se cerró; que la dejó en el desierto. Dentro de la cueva tiene frío por la falta de sus brazos; afuera, el calor de los que se aman la quema.

Ella no rechaza la responsabilidad de sus acciones, acepta las consecuencias, pero, ¿Acaso debe sacrificar su libertad como persona, mujer y profesionista? Se pregunta. No, se contesta. Aunque eso signifique morir sola, con amor atrapado en su interior y sin el funeral junto al mar que deseaba. A las mujeres no se les perdonan los juegos, aunque sólo sean eso, simples juegos sin sexo.

Amó, fue amada. Ama, es rechazada. Acomoda el libro de Heródoto en su bolsa y, mientras la luz de la linterna se le acaba, sonríe falsamente al mundo.

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Matar al gato

Reg Speller

 

Desdémona: ¿Por qué tengo miedo?

Otelo: Piensa en tus pecados

Desdémona: Son amores que te doy

Otelo: Pues por eso has de morir

Desdémona: Matar por amor es dar muerte cruel

 

Lo sabe, sabe que no debía hacerlo. Sabe que por su curiosidad descubrió lo que tanto temía. Lo peor del mundo para él, no es el descubrimiento de los mensajes en el celular de ella, sino la historia que su Yago interno le cuenta a partir de lo desconocido.

 

Imaginar lo peor es la tendencia, decirlo, es la creencia fiel de que sucedió. Da vueltas tratando de entender lo que está pasando. No puede creer que ella lo engañe; él es todo un hombre. Se pregunta: ¿Qué es lo que me falta, que ella busca en otro lado? Mientras, la historia sigue pasando en su mente como una película, donde la imagina con otro, en brazos de otro.

 

Siente ira por los actos que supone ella hace, aunque la oculta desviándola hacia el fulano causa de su desgracia, alardeando de que si se lo encuentra, mínimo le rompe su madre por involucrase con la mujer de otro. Por no respetar lo ajeno. Ya no vive en paz, no la pierde de vista y está atento a sus actividades como un felino a punto de cazar; le cuesta trabajo mantenerse alejado del celular de ella. Sufre por lo que desconoce y se llena de más rabia por lo que cree.

 
¿La solución? Al fin la encontró. ¡Matarla! Debe pagar por lo que ha hecho, aunque realidad mata lo que lentamente lo está matando a él.