Treinta y cinco


A mí, por ser yo

 

Inseparable amiga mía…

 

Hay días que no se exactamente quién eres. Por ratos eres dulce y tierna, otras te conviertes en un ogro  y otro tanto eres tan frágil como aquella porcelana de casa de mi abuela. La dulzura puede ser característica de tu sexo, pero en realidad es que te encanta dar amor, aunque luego te desilusiona el que no te lo recompensen, pero entiende que la idea de dar amor no es recibir, sólo darlo.

 

Te vuelves ogro, porque tiendes al perfeccionismo y en cuestiones laborales eres tirana, te gusta el orden y el método, te desespera la lentitud y el poco sentido. ¿Acaso no les apasiona lo que hacen? Te preguntas. Crees que no, que trabajan porque es ley de vida y no gusto por vivir.

 

Finalmente eres frágil, porque la ansiedad que padeces desde niña por ratos te hace tambalear y perder el equilibrio. Te da miedo lo que hace cinco minutos no te daba. La sensación de morirte es horrible, aunque tu cerebro te diga que no es así, tu hipotálamo siente lo contrario. Asfixia, sudoración, angustia, síntomas que te regresan a poner los pies en la tierra y te hacen ver que sólo eres un punto en el espacio, frágil y solo.

 

Pero con eso, sin eso y a pesar de eso, sé que eres un amor y una mujer maravillosa que me encanta conviva conmigo, muy dentro de mí…

 

¡Felicidades Sayil!

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