Más allá de lo profundo

Tom Schierlitz

          – Ay  amor, ya no lo siento; creo que se quedó atorado…

Jaime despega su cuerpo de Isa y en efecto, ya no estaba en su lugar. Ambos empiezan la búsqueda por todos los rincones de sus cuerpos. Sacuden la cama, el piso, la ropa… Nada, simplemente desapareció.

          – ¿Y si se quedó adentro Jaime?
          – No creo, no lo vi
          – Ay no, llévame al hospital por favor…. No puedo estar con la angustia

Y es así que, a las dos de la mañana entran a la sala de emergencias de un hospital capitalino…

          – No lo veo… – dice el médico
          – Pero ahí está, estoy seguro – dice Jaime
          – No, insisto, no lo veo…
          – Pero… no salió, me consta ¿Me deja ver?
          – A ver pues, asómese – expresa medio harto el médico

Silencio…

          – ¡Ahí está! Se ve muy al fondo un puntito, mire acérquese – dice feliz Jaime
          – Mmmm, deje meto una pinza a ver si es…¡Sí!, aquí está; enfermera… una charola por favor. Listo, ya puede vestirse

Unos minutos después…

          – Ya ves Isa, te dije que todo iba a estar bien
          – Si claro, como no eras tú el del problemita de las piernas al aire, ¿a ver cuándo vuelves a traer tus condones marca libre?
          – ¿Yo qué?! ¡Me los regalaron!
          – Te los han de haber dado los de “Pro vida”
          – Igual y si, mira que quedarse atorado más allá de tu vagina… ¿quién diría?

Extrañar

 

Querido mío,

 

¡Cómo pasa el tiempo! ¿No crees? Ya son dos años, el silencio de tu ausencia se empieza a sentir cada vez más. Si, he de reconocer que se te extraña y aunque no tanto como al principio de tu partida, no hay día que no piense en ti y en la forma en que te fuiste.

 

Tu risa, tu persona, tus ocurrencias hacen más falta que nunca.  Te siento en la mesa en que como, el café que tomo. Te reclamo, aunque no tengas la culpa, el dolor que siento me da ese derecho. ¿Por qué no dijiste tus temores? ¿Por qué ocultaste tus pesares? ¿Acaso crees que no se te iba a entender? Ahora no hay hubiera… fue negado.

 

No puedes regresar y aún no encuentro el consuelo al silencio cruel de tu ausencia; no debiste irte sin decir adiós.