Maldición


¿No les ha pasado alguna vez por la cabeza que lo que puede ser una virtud, suele repentinamente convertirse en una maldición? Resulta que tengo dos pequeñas gracias que a veces me meten en desgracias. La primera es, saber algo más de algunas cosas; de lo cual se deriva la segunda, decirlas y por lo regular muy directamente…

 

Sucedió que de esas veces que uno asiste a una reunión y en el calor de la pasión laboral me encuentro en plena exposición compartiendo comentarios y expresando sugerencias. Las consecuencias las recibo la tarde de ese mismo día…

 

“Se le pide no externar opiniones ni comentarios a menos que alguno de nosotros se lo autorice o le ceda la palabra, a las autoridades no les gustan las mujeres que hablan demasiado.

 

Buen día…

 

Atte.

El hermano de Schopenhauer”

 

¿Buen día? Lo incomodo no son las mujeres, sino que piensen… me pienso. Para no hablar por supuesto.

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