Roces

Aferrada al tubo, el calor sofocante me provocaba sopores a pesar de la incomoda posición.

Empecé a sentir un peso tras de mi, pero como cuando uno viaja cuerpo con cuerpo todo parece naturalmente accidentado, no presté mucha atención. Cabeceo, se aligera; lentamente lo vuelvo a sentir; se recarga; me despabilo. Se desliza suavemente de arriba abajo sobre la curva de mis nalgas.

La ira se apodera de mi; comienzo a concentrarme en mi mano derecha. La fricción se está volviendo más fuerte. Partirle la cara es mi misión. Siento que la “fuerza me acompaña”; volteó y…

…¡zas! Una fémina se me despega suavemente y levanta sus cejas de arriba abajo, como diciendo: ¿Qué tal? ¿eh? Desde luego, la siguiente estación fue la bajada obligatoria.

Tubo


Mi mano lo sujeta. Lo siento fresco, justo al tamaño de mi mano. Mi cuerpo se pega al tubo para sentirlo. “Sweet dreams” suena en el fondo.

 

Me balanceo, mis caderas se mueven al ritmo; enredo mi pierna derecha en el y comienzo a bailar. Los aplausos no se hacen esperar. Sigo contoneando mi cuerpo, ahora desabrocho mi blusa, me aferró al tubo y deslizo mis senos por el medio, la blusa sale de un solo golpe. Tomó vuelo y enredo ambas piernas, me sujeto con una mano mientras la otra sacude mi cabello; un tirante del bra cae. Silban, se emocionan.

 

La falda me estorba, es el momento. Mis manos se dirigen a mi cadera que sigue en ritmo; desabrocho el cierre. Los aplausos crecen; una mano me toca…

 

“Señorita, estamos por llegar a la estación Hidalgo…”

 

Entre abucheos recojo mi ropa y salgo apurada a tomar mi transbordo.