Extrañar

 

Querido mío,

 

¡Cómo pasa el tiempo! ¿No crees? Ya son dos años, el silencio de tu ausencia se empieza a sentir cada vez más. Si, he de reconocer que se te extraña y aunque no tanto como al principio de tu partida, no hay día que no piense en ti y en la forma en que te fuiste.

 

Tu risa, tu persona, tus ocurrencias hacen más falta que nunca.  Te siento en la mesa en que como, el café que tomo. Te reclamo, aunque no tengas la culpa, el dolor que siento me da ese derecho. ¿Por qué no dijiste tus temores? ¿Por qué ocultaste tus pesares? ¿Acaso crees que no se te iba a entender? Ahora no hay hubiera… fue negado.

 

No puedes regresar y aún no encuentro el consuelo al silencio cruel de tu ausencia; no debiste irte sin decir adiós.

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