Caricia culpable

Gio Barto

De espalda. Su figura se delinea curvilínea, sensual. Los  zapatos de tacón, muy alto y espigado dan a sus pantorrillas esa imagen de tronco entrelazado; los muslos macizos, ligeramente se marcan enfundados en unos pantalones “pescadores” de mezclilla.

Las nalgas se dibujan como aquel lugar en donde siempre has querido estar y es ahí, donde el tiempo se detiene… Un apretón en la mano me hizo volver a la fila del cine, sus dulces ojos me decían en silencio ¿Qué ves? ¿Qué te pasa? Acaricié su mejilla y le besé suavemente la mano…

Roces

Aferrada al tubo, el calor sofocante me provocaba sopores a pesar de la incomoda posición.

Empecé a sentir un peso tras de mi, pero como cuando uno viaja cuerpo con cuerpo todo parece naturalmente accidentado, no presté mucha atención. Cabeceo, se aligera; lentamente lo vuelvo a sentir; se recarga; me despabilo. Se desliza suavemente de arriba abajo sobre la curva de mis nalgas.

La ira se apodera de mi; comienzo a concentrarme en mi mano derecha. La fricción se está volviendo más fuerte. Partirle la cara es mi misión. Siento que la “fuerza me acompaña”; volteó y…

…¡zas! Una fémina se me despega suavemente y levanta sus cejas de arriba abajo, como diciendo: ¿Qué tal? ¿eh? Desde luego, la siguiente estación fue la bajada obligatoria.