Virginidad

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        –          Recuéstate – dijo él

          ¿Duele? – preguntó mientras presionaba

          No – dije entre ruidos que sólo él entendía

 

De virginidad presumía ufanamente. Nadie la había profanado. Pero ahí donde antes había flores, ahora hay leves pero terribles manchitas negras.

 

          Necesitas anestesia o dolerá – comentó

 

La lidocaína empezaba a hacer efecto, cuando el primer piquete penetró. El dolor fue agudo y a ese instante le siguieron muchos más. Una escurridiza lágrima escapó del ojo con rumbo de la sien.

 

          Duele – musité con mi ahora bembona boca

          Sólo el piquete – me sonrió él

 

El tan temido taladro empezó su trabajo. No había dolor, la anestesia era un éxito.  Los nervios de primeriza me abandonaban, respiré y cerré los ojos, Mozart sonaba a lo lejos. Un extraño aroma, se percibía ¿Qué era?

 

Tardé un poco descubrir el olor de hueso cercenado, salí del letargo y una nubecita de partículas se dispersaba en el aire. Ahí iba una parte de mí.

Al final del día, sólo quedaban los dolores del manoseo impúdico que arrancó las flores.

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