Maldición


¿No les ha pasado alguna vez por la cabeza que lo que puede ser una virtud, suele repentinamente convertirse en una maldición? Resulta que tengo dos pequeñas gracias que a veces me meten en desgracias. La primera es, saber algo más de algunas cosas; de lo cual se deriva la segunda, decirlas y por lo regular muy directamente…

 

Sucedió que de esas veces que uno asiste a una reunión y en el calor de la pasión laboral me encuentro en plena exposición compartiendo comentarios y expresando sugerencias. Las consecuencias las recibo la tarde de ese mismo día…

 

“Se le pide no externar opiniones ni comentarios a menos que alguno de nosotros se lo autorice o le ceda la palabra, a las autoridades no les gustan las mujeres que hablan demasiado.

 

Buen día…

 

Atte.

El hermano de Schopenhauer”

 

¿Buen día? Lo incomodo no son las mujeres, sino que piensen… me pienso. Para no hablar por supuesto.

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Crisis capilar

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“La mujer es un ser con grandes melenas y pequeñas ideas”
Schopenhauer 

Esa era precisamente la frase que estaba leyendo cuando de entre el ruido de las secadoras se escuchó un timbre telefónico; en un trío de amigos una vocecita contesto… 

          Hola mi amor…
          En el salón de belleza aún, llevó tres horas, había mucha gente pero ya me están atendiendo.

En efecto, tenía tanto papel aluminio encima que casi podría jurar que captaba la señal de televisión por cable. 

          Me estoy haciendo una mechas…
          Ay cielo, pues son de color rubio claro…
          ¡No cómo crees!, mil perdones, yo creo que si te gustarán… 

Al colgar, la angustia se reflejó en su rostro y le dijo a sus amigos que estaba entrando en una crisis. Su novio le había dicho que esas cosas que se hacen las mujeres en el cabello son una decisión de pareja y que si no le gustaban la iba a dejar. A punto del llanto y con gesto piadoso, voltea a ver al estilista y le dice que si puede arreglarlo si no quedaran bien. El estilista le dice que sí, que confié, que le va a quedar divino y su novio no la va a dejar.  

Yo que me empezaba a odiar a Schopenhauer, pero al presenciar tal “crisis” si hubiera podido, le estrecho la mano y le digo que en éste caso tenía la boca atascada de razón.