Matar al gato

Reg Speller

 

Desdémona: ¿Por qué tengo miedo?

Otelo: Piensa en tus pecados

Desdémona: Son amores que te doy

Otelo: Pues por eso has de morir

Desdémona: Matar por amor es dar muerte cruel

 

Lo sabe, sabe que no debía hacerlo. Sabe que por su curiosidad descubrió lo que tanto temía. Lo peor del mundo para él, no es el descubrimiento de los mensajes en el celular de ella, sino la historia que su Yago interno le cuenta a partir de lo desconocido.

 

Imaginar lo peor es la tendencia, decirlo, es la creencia fiel de que sucedió. Da vueltas tratando de entender lo que está pasando. No puede creer que ella lo engañe; él es todo un hombre. Se pregunta: ¿Qué es lo que me falta, que ella busca en otro lado? Mientras, la historia sigue pasando en su mente como una película, donde la imagina con otro, en brazos de otro.

 

Siente ira por los actos que supone ella hace, aunque la oculta desviándola hacia el fulano causa de su desgracia, alardeando de que si se lo encuentra, mínimo le rompe su madre por involucrase con la mujer de otro. Por no respetar lo ajeno. Ya no vive en paz, no la pierde de vista y está atento a sus actividades como un felino a punto de cazar; le cuesta trabajo mantenerse alejado del celular de ella. Sufre por lo que desconoce y se llena de más rabia por lo que cree.

 
¿La solución? Al fin la encontró. ¡Matarla! Debe pagar por lo que ha hecho, aunque realidad mata lo que lentamente lo está matando a él.

Apego

Margaret Malandruccolo


No hay sol. Las nubes están listas para en cualquier momento dejar caer su lluvia. Los pies le pesan, siente que los arrastra con cada paso. Sólo es cuestión de andar una esquina, pero siente que son dos kilómetros.

 

Al fin llega. Pide su turno y le indican la ventanilla de atención. En el trayecto piensa que ya son más de diez años con él. Una década de breves historias. El empleado saluda y le pide sus datos. Se disculpa un momento. Regresa. La operación se realiza con éxito.

 

No puede creer que el cambio de número le duela en lo más profundo de su ser. Quiere llorar. Respira. Sostiene. Suelta. No, no duele el número cambiado; duele el motivo, duele saber que  no escuchará de nuevo su voz dándole los buenos días.