Treinta y seis

1, 2, 3 por mí…
y porque el desorden de los factores
alteren el producto

 

Un
aviso
de
la
naturaleza (padre, no puede ser madre, siendo tan misógina):
          ¡Canas! El reloj biológico sigue su marcha,
          ¿será la aparición de alguna sapiencia (creo, espero)?
Un
acertijo
neuronal:
          cansancio de pensar (lo impensable a veces),
          respuestas ignoradas de mi vida;
          las obtengo ¡Al fin!
          Recursividad. Surgen nuevas preguntas.
          Necedad. Debo (me obligo a) contestarlas.
Una
duda
pasional (¿amorosa?):
          ¿Amante? ¿amigo? ¿pareja?
          No ha llegado alguno, aún
          Certeza. Lo quiero todo (¿se puede?¿existe?).
Un
aprendizaje:
          No puedo tenerlo todo en la vida,
          al menos no al mismo tiempo,
          disfruta lo que tengas (y lo que haya que disfrutar).
Una
resolución (aguda, es más cerrada):
          leer, escribir y vivir (lo que haya que vivir),
          seguir a libro abierto, aprender (lo que haya que aprender)
          esperando (¿o buscando?) que las dudas neuronales y pasionales se resuelvan;
          entre chorros de tinta (¿o ahogada en teclas?).
Un
consuelo (¿será?):
          escuchar a Dios (cuando me conviene).
Una
de
muchas
conclusiones:
          en un año cambiamos y algunos quizá…
          lo hacemos para mejorar.
Un
          abrazo
                            amoroso
                                                   para
                                                                 Sayil

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Mutualidad errónea

mutualidad-erronea1

El hombre y la mujer han nacido para amarse,

pero no para vivir juntos.

Los amantes célebres de la historia

vivieron siempre separados.

Noel Clarasó

 

Amigos míos:

 

Suele suceder que cuando una relación se termina la responsabilidad se le achaca a todo y a todos menos a los realmente responsables, que son la pareja en si. Los orgullos pisados y deshilachados, pesan más que los mismos hechos.

 

¿Por qué las parejas no pueden socratizar en lugar de luchar? Porque los diálogos no reparan emociones ni ilusiones rotas, no enmiendan con parches los hoyos que el dolor y la ira carcomen como comején.

 

Ella, juega juegos de palabras sensuales con sus amigos. Él revisa lo ajeno. Ella se convirte a los ojos de él en una cualquiera; él se convirte a los ojos de ella en un vouyerista paranoico. La duda entra y se olvidan del amor y de lo que los mantenía unidos. Los dos actos son igual de graves a los ojos de todos, pero, a los ojos de la pareja es peor lo que el otro hizo que lo que uno mismo ha hecho.

 

¿Saben? Sería bueno cada vez que unos amantes se pelean, voltearan a ver la foto que les trae a la mente ese momento tan disfrutado, tan emocionante; irse a dormir y al otro día mientras desayunan frente a un jugo de naranja y un café, mirarse a los ojos, encontrarse en ellos y por el amor que dicen sentir el uno por el otro, perdonarse y volver a empezar.

 

¿Difícil? En efecto, mucho, porque en realidad nos amamos más a nosotros mismos que al otro.

 

Les deseo un buen día y gracias por su atención. Un abrazo.

 

Escucha: Buenas intenciones…