La Reina*

Philip Vaughan

Se cuenta de un rey que un día decidió tener un heredero, así que los meses posteriores a su decisión los dedicó a la búsqueda de la mujer perfecta para tal encargo. Conoció a una joven en la que identificó lo necesario para ser la madre de un príncipe. Cierta vez realizando los preparativos para la boda, la mujer escuchó una conversación: 

     – Bella es, pero ¿qué más habéosle visto que os has enamorado?
     – ¿Enamorado? No, eso no querido amigo; lo que me interesa es que me de un hijo – contestó el rey

La joven corrió lejos del castillo con todo el desencanto que es posible arrastrar; en su camino encontró a una anciana que la consoló y le obsequió un menjurje que cambiaría su vida, siempre y cuando lo tomará diario hasta el día de su boda.

Llegó la noche de bodas, y mientras el rey besaba los suaves labios y probaba la dulce piel de su esposa, se empezó a transformar en una cansada anciana de piel cuarteada; en tanto, la joven adquiría la forma de él. Fue en ese momento, que aquella mujer se convirtió en la Reina,  bajo la figura de su amado rey.

*Participante en el

VII Diomedea

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Secuencia

Kurt Hutton

                                     Primero
                                                 tus manos,
                                     luego
                                                 tus labios,
                                                 tu cuerpo…

                                     Calor;
                                                 calor que me quema la piel,
                                     tu miembro que penetra la profundidad,
                                                 que espera encontrarme, sentirme

                                      Y ahí…
                                                  La explosión de dos formas,
                                       agotadas; extasiadas

Si vas al mar

 

Acuerdate de mi…

cuando escuches las olas,

porque es el susurro de mi voz

llamandote

 

Acuerdate de mi…

cuando sientas la arena,

porque sentirás mi cálida piel

junto a ti

 

Acuerdate de mi…

cuando las olas te acaricien,

porque son mis manos

recorriendote

 

Acuerdate de mi…

si vas al mar…

Escritura


Tomas mi cuerpo entre tus manos, lo recorres lentamente como escogiendo las páginas donde deseas escribir.

 

Comienzas a escribir, primero en mi boca; dejas la impresión del deseo y la pasión. Con lentitud recorres mi cuello, llegas a mi pecho, exaltado, pidiendo a gritos que escribas en él las primeras letras. Te conviertes en mi Gutenberg.

 

Te gusta la sensación de marcar mi piel; tu pluma penetra mi hoja sintiendo la suavidad de su textura, el calor de las tintas fluyendo. Vibra de emoción. El relato se está haciendo, se está plasmando. Se esta escribiendo en mi cuerpo letra a letra.

 

Me pides no borrar ni modificar lo escrito, me dices que nada perdura más que la palabra escrita y, ahí en esa hoja se encuentra a partir de ahora… el diario de tus pasiones.

Lectura


Tomo tu cuerpo entre mis manos. Toco tu dorso como al libro más preciado; lo acaricio, siento su textura, suave, ideal para un largo rato de lectura.

 

Leo tu piel. Las líneas me muestran experiencia; mis dedos rozan las articulaciones del tiempo. Paso las páginas velozmente, encuentro anotaciones en todos lados, las referencias del autor están a la vista. ¿A qué sabe un libro? Quiero saber. Te pruebo, son todos los sabores y ninguno.

 

Leo éste libro, me emociona, me apasiona. Cuenta su historia y penetra en mi cuerpo; murmura sus secretos en mi piel. Leo a hojas abiertas; el amor, el deseo brotan entre línea y línea. Invade mi mente. Llego al climax del relato, dos voces salen del libro; extasiadas, agotadas.

 

Al cabo de un rato… vuelvo a retomar la lectura.